La poeta colombiana Consuelo Hernández, escribe sobre el libro "Simulación de la máscara", el último libro del poeta peruano Tulio Mora. Ella es autora de los libros Voces de la soledad (1982), Solo de violín. Poemario para músicos y pintores (1997), Manual de peregrina ( 2003). También es autora del libro Álvaro Mutis: una estética del deterioro, el cual está prologado por el propio Mutis. Actualmente es profesora de American University en Washington DC.
Simulación de la máscara (2004), el nuevo libro de poemas de Tulio Mora, me ha hecho regresar al año 1974, cuando en las noches de Cusco, en pleno equinoccio de la primavera sureña, los danzantes enmascarados agotaban sus fuerzas en la plaza mayor. Todos, espectadores y danzantes, allí embriagados de música, memoria y canciones bailaban hasta el agotamiento. Quienes me acompañaban me dijeron que lo hacían para atraer los espíritus del bien que les prodigaran una buena cosecha y que al mismo tiempo se conjuraba a los malignos que desde hace tanto se confabulan contra su raza para que al menos por ese año se alejaran. En mi juventud, y en la escasa formación que tenía para entender la complejidad de esta fiesta, pensaba que tal vez se trataba de otra manera de seguir resistiendo los embates pero esta vez con una alegría tal que espantaba hasta la muerte. Al leer el libro de Mora me doy cuenta cuán lejos estaba de entender los múltiples significados que esta fiesta de los danzantes encapsulaba. Y todo ello sin más armas que su cuerpo, las máscaras y sus ademanes, como lo expresa elocuentemente el poema “Origen de la fiesta,”
Y sin más ciudadanía
que los jadeos ansiosos de la carne,
el amor inacabable
expulsando al miedo escarbador
con el incendio de sus ganas
Simulación de la máscara, sin duda, es un libro necesario en nuestra poesía. Hay tantos libros valiosos en todos los géneros que, sin embargo dicen lo ya dicho. Pero creo que Simulación de la máscara está todo estructurado en torno a un tema fresco en la poesía: las máscaras, la danza, el canto, la fiesta dentro de una cultura híbrida ya, pero en cuyas raíces está vivo un aspecto de lo indígena. Así logra otro objetivo: mostrar, mediante la poesía, que las máscaras, tan popularmente conocidas en la cultura africana y afro-latinoamericana, son también parte sustancial de las culturas americanas desde tiempos inmemoriales. La más(cara), como su nombre lo indica, magnifica y, a la vez, oculta sentimientos que no se pueden mostrar directamente porque perturbarían demasiado, no sería posible resistir estos sentimientos desnudos y por ello la máscara sirve de apoyo para amortiguar y / o potenciar lo que se quiere revelar. Las máscaras tienen una función viva que abarca la exaltación de la comunicación con los espectadores, pero sobre todo con otros niveles donde el mito vuelve a actualizar para revivir un pasado en pedazos en un tiempo presente. En las máscaras ”Hay silencios escritos por su revés,/ burlas resueltas por el tamaño de la traición.”
El manejo del lenguaje que tiene Tulio Mora para acercarse a temas tan sensitivos, es encantatorio. Nos involucra fácilmente porque en la medida que leemos el poema, además de ser espectadores, o actores en la danza, nos vemos participando en un diálogo interior de ese yo lírico que termina por involucrarnos en su búsquedas interiores motivado por la ambigüedad y densidad significativa de la fiesta.
Salir, salir a respirar el aire mojado,
entreverarte con el vocerío, caer ebrio en las esquinas
no cambiará ya nada.
Los danzantes han venido
como tú a expulsar sus adentros, a mentir y mentirse,
a enmascararse.
En ese trabajo del lenguaje, el poeta tiene la lucidez para dejar rastros que denuncian una clara conciencia de la insuficiencia de los medios de expresión lingüística del idioma español. Lo muestra claramente cuando, forzado por el contenido que desea expresar, tiene que a acudir a dos y hasta tres preposiciones simultáneamente para lograr aproximarse a la idea de lo que el poema no puede contener. Por otro lado esta plurivocidad que intenta amarrar en este tipo de recursos nos propone también un cuestionamiento a la veracidad de las leyendas.
se desprenden los violines
el rocío tempranero brillando como la
saliva del sol
desde para contra
las nubes casi amarillas de su confesión
el chismoso mensaje del origen
miren desde por las traiciones y fracturas
del mundo
En fin, mentira de las leyendas y verdad conviven en estas máscaras que son mucho más que una simple indumentaria funcional. A diferencia del teatro o de la ópera. las máscaras no son forma, son contenido, son verdad que espectadores y danzantes aceptan como premisa indispensable y significativa de esta fiesta: “Desde por la máscara / les invadirá esta verdad: / el deseo es el borde y su desborde.”
La danza ha sido en todas las culturas “licencia de la temeridad / y vigorosa transparencia.” Es una de las pocas actividades públicas donde cada uno con su cuerpo, sin travestismos, puede ser más sí mismo, es el permiso que la vida nos otorga para vivir ese aspecto carnavalesco de la vida. “El baile es la paciencia del fuego”, sí también.
Simulación de la máscara alude también a una realidad de una fiesta vivida con un sentido más genuino y más auténtico por los que en este siglo todavía rememoran lo que ha quedado de su cultura madre. Su completo sentido escapa al mismo espectador y al yo lírico, que en algunos poemas retoma su voz y en medio de su participación en la fiesta se sirve del lenguaje para realizar esa búsqueda personal y social, es visión poética frente al verdadero significado de esta fiesta de danzantes. De allí sus propios cuestionamientos que sólo logra resolver parcialmente:
¿Qué bailan
mientras dicen detrás de la máscara,
de qué se acuerdan?
La danza es su escrita mudanza
Agudeza y perspicacia se combinan también en el uso del lenguaje poético para fundir en una misma realidad el fuego del sexo, el amor y la fusión de cuerpos y el placer con el dolor, la distancia y el olvido que de todas maneras seguirá cumpliendo su ciclo como la otra cara de la unión. En algunos de los poemas observamos también la presencia de un lenguaje transculturado, donde empiezan a irrumpir el tiempo presente del cual no podremos escapar interactuando con el pasado: los osos yogui, la candelaria, la mujer maravilla, el hombre araña, los maniquíes. Luciano Pavarotti , los walkman, el pop corn.
Los danzantes han venido
como tú a expulsar sus adentros, a mentir y mentirse,
a enmascararse.
Llama la atención en Simulación de la máscara el recurso del tambor en “Desagravio del tambor” para trazar una puente que une el sonido primero del pasado remoto y ancestral, hasta la más contemporánea experiencia del yo lírico. Naturalmente la analogía le sirve de recurso efectivo para esta conexión. Me hizo recordar al poeta colombiano Aurelio Arturo, para quien, en otro contexto y con un distinto referente, los tambores "suenan, despiertan, alertan, embriagan ... atravesando valles de silencio / y nadie sabe quién los toca / ni dónde pero todos los oyen / y comprenden su mensaje / y se llenan de júbilo o se espantan”.
En fin, el poeta toma la base de un espectáculo (las máscaras, la música y los gestos de los danzantes), para recrear un esquema histórico particular de su cultura, aunque se trate de una historia transculturada (¿atrofiada?). Pero a diferencia del teatro moderno, las máscaras, los vestidos tienen un rol que no se limita a lo puramente funcional o intelectual, sino que también cumplen un rol emocional, histórico y ritual.
Aquí una sola belleza no tiene cabida.
El pecado es un escenario
pelado de nubes donde cuelgas al sol
como tu ropa sucia
y que con pico de halcón
puedes atravesar
de una a otra mentira.
Hermosísimo poema “Consolación del olvido” por lo que tiene de verdadero y sentido e inasible aquello con lo que soñamos y que nunca será nuestro pero que por un momento nos pertenece y lo evocamos para continuar el viaje.
Y sin más ciudadanía
que los jadeos ansiosos de la carne,
el amor inacabable
expulsando al miedo escarbador
con el incendio de sus ganas
Simulación de la máscara, sin duda, es un libro necesario en nuestra poesía. Hay tantos libros valiosos en todos los géneros que, sin embargo dicen lo ya dicho. Pero creo que Simulación de la máscara está todo estructurado en torno a un tema fresco en la poesía: las máscaras, la danza, el canto, la fiesta dentro de una cultura híbrida ya, pero en cuyas raíces está vivo un aspecto de lo indígena. Así logra otro objetivo: mostrar, mediante la poesía, que las máscaras, tan popularmente conocidas en la cultura africana y afro-latinoamericana, son también parte sustancial de las culturas americanas desde tiempos inmemoriales. La más(cara), como su nombre lo indica, magnifica y, a la vez, oculta sentimientos que no se pueden mostrar directamente porque perturbarían demasiado, no sería posible resistir estos sentimientos desnudos y por ello la máscara sirve de apoyo para amortiguar y / o potenciar lo que se quiere revelar. Las máscaras tienen una función viva que abarca la exaltación de la comunicación con los espectadores, pero sobre todo con otros niveles donde el mito vuelve a actualizar para revivir un pasado en pedazos en un tiempo presente. En las máscaras ”Hay silencios escritos por su revés,/ burlas resueltas por el tamaño de la traición.”
El manejo del lenguaje que tiene Tulio Mora para acercarse a temas tan sensitivos, es encantatorio. Nos involucra fácilmente porque en la medida que leemos el poema, además de ser espectadores, o actores en la danza, nos vemos participando en un diálogo interior de ese yo lírico que termina por involucrarnos en su búsquedas interiores motivado por la ambigüedad y densidad significativa de la fiesta.
Salir, salir a respirar el aire mojado,
entreverarte con el vocerío, caer ebrio en las esquinas
no cambiará ya nada.
Los danzantes han venido
como tú a expulsar sus adentros, a mentir y mentirse,
a enmascararse.
En ese trabajo del lenguaje, el poeta tiene la lucidez para dejar rastros que denuncian una clara conciencia de la insuficiencia de los medios de expresión lingüística del idioma español. Lo muestra claramente cuando, forzado por el contenido que desea expresar, tiene que a acudir a dos y hasta tres preposiciones simultáneamente para lograr aproximarse a la idea de lo que el poema no puede contener. Por otro lado esta plurivocidad que intenta amarrar en este tipo de recursos nos propone también un cuestionamiento a la veracidad de las leyendas.
se desprenden los violines
el rocío tempranero brillando como la
saliva del sol
desde para contra
las nubes casi amarillas de su confesión
el chismoso mensaje del origen
miren desde por las traiciones y fracturas
del mundo
En fin, mentira de las leyendas y verdad conviven en estas máscaras que son mucho más que una simple indumentaria funcional. A diferencia del teatro o de la ópera. las máscaras no son forma, son contenido, son verdad que espectadores y danzantes aceptan como premisa indispensable y significativa de esta fiesta: “Desde por la máscara / les invadirá esta verdad: / el deseo es el borde y su desborde.”
La danza ha sido en todas las culturas “licencia de la temeridad / y vigorosa transparencia.” Es una de las pocas actividades públicas donde cada uno con su cuerpo, sin travestismos, puede ser más sí mismo, es el permiso que la vida nos otorga para vivir ese aspecto carnavalesco de la vida. “El baile es la paciencia del fuego”, sí también.
Simulación de la máscara alude también a una realidad de una fiesta vivida con un sentido más genuino y más auténtico por los que en este siglo todavía rememoran lo que ha quedado de su cultura madre. Su completo sentido escapa al mismo espectador y al yo lírico, que en algunos poemas retoma su voz y en medio de su participación en la fiesta se sirve del lenguaje para realizar esa búsqueda personal y social, es visión poética frente al verdadero significado de esta fiesta de danzantes. De allí sus propios cuestionamientos que sólo logra resolver parcialmente:
¿Qué bailan
mientras dicen detrás de la máscara,
de qué se acuerdan?
La danza es su escrita mudanza
Agudeza y perspicacia se combinan también en el uso del lenguaje poético para fundir en una misma realidad el fuego del sexo, el amor y la fusión de cuerpos y el placer con el dolor, la distancia y el olvido que de todas maneras seguirá cumpliendo su ciclo como la otra cara de la unión. En algunos de los poemas observamos también la presencia de un lenguaje transculturado, donde empiezan a irrumpir el tiempo presente del cual no podremos escapar interactuando con el pasado: los osos yogui, la candelaria, la mujer maravilla, el hombre araña, los maniquíes. Luciano Pavarotti , los walkman, el pop corn.
Los danzantes han venido
como tú a expulsar sus adentros, a mentir y mentirse,
a enmascararse.
Llama la atención en Simulación de la máscara el recurso del tambor en “Desagravio del tambor” para trazar una puente que une el sonido primero del pasado remoto y ancestral, hasta la más contemporánea experiencia del yo lírico. Naturalmente la analogía le sirve de recurso efectivo para esta conexión. Me hizo recordar al poeta colombiano Aurelio Arturo, para quien, en otro contexto y con un distinto referente, los tambores "suenan, despiertan, alertan, embriagan ... atravesando valles de silencio / y nadie sabe quién los toca / ni dónde pero todos los oyen / y comprenden su mensaje / y se llenan de júbilo o se espantan”.
En fin, el poeta toma la base de un espectáculo (las máscaras, la música y los gestos de los danzantes), para recrear un esquema histórico particular de su cultura, aunque se trate de una historia transculturada (¿atrofiada?). Pero a diferencia del teatro moderno, las máscaras, los vestidos tienen un rol que no se limita a lo puramente funcional o intelectual, sino que también cumplen un rol emocional, histórico y ritual.
Aquí una sola belleza no tiene cabida.
El pecado es un escenario
pelado de nubes donde cuelgas al sol
como tu ropa sucia
y que con pico de halcón
puedes atravesar
de una a otra mentira.
Hermosísimo poema “Consolación del olvido” por lo que tiene de verdadero y sentido e inasible aquello con lo que soñamos y que nunca será nuestro pero que por un momento nos pertenece y lo evocamos para continuar el viaje.
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