González Vigil responde (última vez) a Iván Thays
Ricardo González Vigil -vía email- me ha remitido la siguiente carta (última) dirigida a Iván Thays, a raíz de los gratuitos agravios que recibió de parte del conductor de televisión. Cumplo con transmitir la misma, solidarizándome con el poeta y crítico Ricardo González Vigil, uno de los mejores investigadores de la literatura peruana e hispanoamericana que tienen el Perú y América Latina. Aquí el texto de la contundente misiva, con lo cual Ricardo González Vigil pone punto final al enojoso tema. El correo tiene fecha 23.05.2007.
Respuesta a Iván Thays
Señor Iván Thays:
Me parece bien que en su segunda respuesta a mi carta electrónica considere usted que: “No es, entonces, el momento de discutir inútilmente sino de conciliar y reconocer la pluralidad de temas, estilos y propuestas que presente la narrativa peruana actual”. En esa línea se compromete a no seguir “contribuyendo a ese juego” y a que su blog “seguirá siendo crítico (…) pero tratando de mantenerme siempre en el terreno de lo estrictamente literario sin cruzar la delgada línea (que algunas veces he cruzado por culpa de mi vehemencia) de la burla o el comentario descalificador”.
Lo que no me parece bien es que, en contradicción con su supuesto objetivo de limar asperezas conmigo, declare: “Soy responsable de todo lo que sostuve y me reafirmo en ello, en aras del fin de la discusión prefiero aceptar que él (González Vigil) tiene una versión distinta de los hechos y buscar el punto medio” (¡¡el punto medio!!, como si se tratara de una conciliación entre opiniones y no de esclarecer hechos que sucedieron o no, sin término medio posible).
Peor aún, en su primera respuesta (estuvo varias horas en la red antes de que usted remitiera la segunda respuesta pidiendo que se borre la primera, y de todos modos puede ser consultada en otro blog que la ha reproducido) usted reitera de manera más extensa las falsedades que yo le rebatía en mi carta, con el agravante de añadir otras, acompañadas de comentarios en contra de mi prestigio y honorabilidad. Debido a ello, por respeto a los lectores de su primera –infame- respuesta, antes de aceptar su pedido (que formula sin rectificación alguna de su parte) de dar “un paso adelante” y no continuar con ese “discutir inútilmente” (originado por pullas y agravios vertidos por usted, y no por mí), me veo obligado a puntualizar lo siguiente:
1. La única vez que he sido invitado a “Vano Oficio” fue en 2002, para hablar (usted mismo me lo especificó así) de la revista “Múltiple”. Ahora usted lanza la posibilidad de que hayan sido sus “productores” (los que, según usted, me invitaron “muchas veces”) los que le mintieron (“si no lo han llamado y me han dado excusas falsas en su nombre lo lamento”), con lo cual usted pretende lavarse las manos.
2. Además, al sostener usted que mandó muchas veces a sus productores que me invitaran a “Vano Oficio”, dice que tiene testigos de ello. Otro tanto asevera al sostener que he llamado a la oficina de Imagen de la PUCP para quejarme de usted. Y, de modo más sibilino, en otro punto sostiene que “hasta dos personas amigas mías” le han comentado lo que usted consigna. Sería saludable que identifique a esas personas y no se refiera a ellas sin especificación alguna.
3. Suena increíble que sus productores le hayan dicho que me excusé argumentando que no me gusta salir en televisión. La verdad es que nunca he buscado aparecer en los programas de televisión, pero he aceptado gustoso y honrado las numerosas invitaciones que he recibido por iniciativa de los responsables de los programas respectivos. Así, tuve a mi cargo el segmento dedicado a los libros en el programa “Luces de la ciudad” que dirigió Eduardo Lores. No daré una lista completa pero consignaré que he sido entrevistado en el canal 7 (ahora TVPerú) por Luis Alberto Sánchez, Ernesto Hermoza, Eduardo Rada y Antonio Zapata, además de breves intervenciones en los noticieros de dicho canal con motivo de algún acontecimiento literario. En otros canales, he sido entrevistado por Pablo de Madalengoitia, César Hildebrandt, Marco Aurelio Denegri (cable), José María Salcedo, Raúl Tola y José Beltrán Peña, además de diversos noticieros. ¡Qué manera de no gustarme salir en TV!
4. Nunca hasta ahora había recibido carta alguna de usted. Las dos primeras han sido la –llamémosla así- “agresiva” (autocensurada) y la “diplomática”, ambas en respuesta a mi carta electrónica en contra de sus reiterados embustes. Vale la pena notar que, en el caso que fuera cierto que hace tiempo me remitió una carta explicando que no pretendió insultarme con su exabrupto en el Encuentro de Narradores en Madrid, usted sería una de esas personas tortuosas que insultan en público y piden disculpas en privado. Otra muestra tortuosa es que, ahora, me endilga primero, falsedades y agravios en su carta “agresiva”, para pocas horas después tenderme las manos para hacer las paces.
5. Jamás he presionado en oficina alguna de la PUCP contra “Vano Oficio”, un programa –vanidad de vanidades- con varios años en el aire.
6. El “retorcido” es usted y no yo, cuando propala impávido conocer lo que yo pienso de mi salida del “Dominical”, al que dejé, quede claro, para pasar a la sección “Crónicas”, ahora llamada “Luces”.
7. Ya que tanto menciona a Alonso Cueto, le aclararé que es falso cuando usted sostiene que jamás he incluido a Cueto en mis antologías (puede ver su cuento “La otra” en “El cuento peruano 1980-1989”) y que “jamás aparece” Cueto en mis recuentos anuales (excepto, según usted, en el recuento del 2005, atribuyéndose que por usted me vi obligado a hacerlo), cuando fácilmente puede constatarse que en todos los años que se ha publicado una nueva novela o un nuevo volumen de cuentos de Cueto, los he tenido en cuenta en mis recuentos. Además, sería conveniente para su Cuetomanía que se entere que elogié el primer libro de Cueto (“La batalla del pasado”, 1983) cuando salió y que en la nota que le dedico en “El cuento peruano 1980-1989” considero que ha asimilado el legado de Henry James, Carver, la “novela negra” de Hammett y Chandler, y la narrativa sentimental (no todo es Carver, pues, en mi visión de Cueto, también cabría apuntar lo que ha aprendido en Hemingway, Faulkner y, por cierto, Maupassant y Camus). Algo más: integré el Jurado (con Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro y Blanca Varela) que en 1985 otorgó el Premio Wiracocha de Novela a “El tigre blanco” de Cueto, por no insistir en que fui asesor de su tesis de bachillerato.
8. En su respuesta “agresiva” usted se burla de que haya hablado de un “Dante peruano”. Por respeto y admiración al gran poeta Enrique Verástegui he dejado pasar la perfidia con que usted numerosas veces, desde hace años, tergiversa la alta valoración en que tengo a Verástegui y su afán de seguir el ejemplo de Dante. Nunca he usado la expresión “Dante peruano”; le desafío a mencionar el escrito en que figuraría.
9. Usted aberrantemente subestima no sólo mis conocimientos literarios y capacidad crítica, sino la inteligencia de sus lectores. Resulta delirante (a modo de un desatino infantil que mueve a risa más que a estupor) cómo alevosamente distorsiona mis opiniones sobre la literatura norteamericana (rica en escritores universales, y no sólo un mercado masificador de “bestsellers” y literatura “light”) y la imitación epidérmica y exangüe que sufre a cargo de numerosos poetas y narradores peruanos e hispanoamericanos, tan distinta de la asimilación creadora que han hecho grandes escritores del legado genial de Poe (ahí Quiroga, Borges y Cortázar, por ejemplo), Whitman (Vallejo y Neruda, nada menos), Faulkner (Rulfo, Onetti, García Márquez y Vargas Llosa, señaladamente), por mencionar sólo algunos casos sobresalientes. El problema es que siempre hay imitadores sin fuerza creadora propia, y grandes autores que hacen suyo, con una reelaboración propia, el magisterio de autores universales: griegos, chinos, franceses, italianos, españoles, norteamericanos, de cualquier cultura o idioma. Usted demuestra una falta total de criterio y ponderación cuando pretende descalificarme crítica y académicamente inventándome una fobia a todo lo que tenga que ver con el poderoso país del norte: “(González Vigil) Es incapaz de reconocer que los EEUU es un país que tiene no sólo grandes escritores sino estupendos lectores, revistas especializadas, académicos, intelectuales y universidades” (¿!).
Para su información, he dado conferencias en la Universidad de Oklahoma, donde fui presentado (me veo obligado a decirlo no por vanidad, sino por desnudar la necedad suya) como el mejor crítico literario peruano; en términos similares me califica una antología bilingüe de la poesía peruana, editada por la Universidad de Oregon. Numerosos especialistas que trabajan en EEUU, como también en Inglaterra (verbigracia, James Higgins y Stephen Hart), Francia (mi edición anotada de “Los ríos profundos” de Arguedas fue declarada lectura obligatoria por el Ministerio de Cultura para los que estudian pedagogía), Italia, España, etc., han dado relevancia a mis aportes críticos. Y he decidido quedarme a trabajar en el Perú, desechando invitaciones para radicar en EEUU o España). De otro lado, la Academia Sueca me ha honrado pidiéndome mi opinión sobre escritores del Perú y el mundo entero que merecen recibir el Premio Nobel de Literatura.
Final:
Con esto doy por concluida toda discusión con usted. Tengo labores más importantes y necesarias (hay tanto que hacer a favor de la lectura y el desarrollo de los estudios literarios en nuestro país) que perder el tiempo en dimes y diretes. ¿Para qué seguir comunicándome con usted, ya que desprecia mi labor crítica, me conceptúa ignorante y encasillado, víctima incluso de “paranoia”?
Lo que no me parece bien es que, en contradicción con su supuesto objetivo de limar asperezas conmigo, declare: “Soy responsable de todo lo que sostuve y me reafirmo en ello, en aras del fin de la discusión prefiero aceptar que él (González Vigil) tiene una versión distinta de los hechos y buscar el punto medio” (¡¡el punto medio!!, como si se tratara de una conciliación entre opiniones y no de esclarecer hechos que sucedieron o no, sin término medio posible).
Peor aún, en su primera respuesta (estuvo varias horas en la red antes de que usted remitiera la segunda respuesta pidiendo que se borre la primera, y de todos modos puede ser consultada en otro blog que la ha reproducido) usted reitera de manera más extensa las falsedades que yo le rebatía en mi carta, con el agravante de añadir otras, acompañadas de comentarios en contra de mi prestigio y honorabilidad. Debido a ello, por respeto a los lectores de su primera –infame- respuesta, antes de aceptar su pedido (que formula sin rectificación alguna de su parte) de dar “un paso adelante” y no continuar con ese “discutir inútilmente” (originado por pullas y agravios vertidos por usted, y no por mí), me veo obligado a puntualizar lo siguiente:
1. La única vez que he sido invitado a “Vano Oficio” fue en 2002, para hablar (usted mismo me lo especificó así) de la revista “Múltiple”. Ahora usted lanza la posibilidad de que hayan sido sus “productores” (los que, según usted, me invitaron “muchas veces”) los que le mintieron (“si no lo han llamado y me han dado excusas falsas en su nombre lo lamento”), con lo cual usted pretende lavarse las manos.
2. Además, al sostener usted que mandó muchas veces a sus productores que me invitaran a “Vano Oficio”, dice que tiene testigos de ello. Otro tanto asevera al sostener que he llamado a la oficina de Imagen de la PUCP para quejarme de usted. Y, de modo más sibilino, en otro punto sostiene que “hasta dos personas amigas mías” le han comentado lo que usted consigna. Sería saludable que identifique a esas personas y no se refiera a ellas sin especificación alguna.
3. Suena increíble que sus productores le hayan dicho que me excusé argumentando que no me gusta salir en televisión. La verdad es que nunca he buscado aparecer en los programas de televisión, pero he aceptado gustoso y honrado las numerosas invitaciones que he recibido por iniciativa de los responsables de los programas respectivos. Así, tuve a mi cargo el segmento dedicado a los libros en el programa “Luces de la ciudad” que dirigió Eduardo Lores. No daré una lista completa pero consignaré que he sido entrevistado en el canal 7 (ahora TVPerú) por Luis Alberto Sánchez, Ernesto Hermoza, Eduardo Rada y Antonio Zapata, además de breves intervenciones en los noticieros de dicho canal con motivo de algún acontecimiento literario. En otros canales, he sido entrevistado por Pablo de Madalengoitia, César Hildebrandt, Marco Aurelio Denegri (cable), José María Salcedo, Raúl Tola y José Beltrán Peña, además de diversos noticieros. ¡Qué manera de no gustarme salir en TV!
4. Nunca hasta ahora había recibido carta alguna de usted. Las dos primeras han sido la –llamémosla así- “agresiva” (autocensurada) y la “diplomática”, ambas en respuesta a mi carta electrónica en contra de sus reiterados embustes. Vale la pena notar que, en el caso que fuera cierto que hace tiempo me remitió una carta explicando que no pretendió insultarme con su exabrupto en el Encuentro de Narradores en Madrid, usted sería una de esas personas tortuosas que insultan en público y piden disculpas en privado. Otra muestra tortuosa es que, ahora, me endilga primero, falsedades y agravios en su carta “agresiva”, para pocas horas después tenderme las manos para hacer las paces.
5. Jamás he presionado en oficina alguna de la PUCP contra “Vano Oficio”, un programa –vanidad de vanidades- con varios años en el aire.
6. El “retorcido” es usted y no yo, cuando propala impávido conocer lo que yo pienso de mi salida del “Dominical”, al que dejé, quede claro, para pasar a la sección “Crónicas”, ahora llamada “Luces”.
7. Ya que tanto menciona a Alonso Cueto, le aclararé que es falso cuando usted sostiene que jamás he incluido a Cueto en mis antologías (puede ver su cuento “La otra” en “El cuento peruano 1980-1989”) y que “jamás aparece” Cueto en mis recuentos anuales (excepto, según usted, en el recuento del 2005, atribuyéndose que por usted me vi obligado a hacerlo), cuando fácilmente puede constatarse que en todos los años que se ha publicado una nueva novela o un nuevo volumen de cuentos de Cueto, los he tenido en cuenta en mis recuentos. Además, sería conveniente para su Cuetomanía que se entere que elogié el primer libro de Cueto (“La batalla del pasado”, 1983) cuando salió y que en la nota que le dedico en “El cuento peruano 1980-1989” considero que ha asimilado el legado de Henry James, Carver, la “novela negra” de Hammett y Chandler, y la narrativa sentimental (no todo es Carver, pues, en mi visión de Cueto, también cabría apuntar lo que ha aprendido en Hemingway, Faulkner y, por cierto, Maupassant y Camus). Algo más: integré el Jurado (con Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro y Blanca Varela) que en 1985 otorgó el Premio Wiracocha de Novela a “El tigre blanco” de Cueto, por no insistir en que fui asesor de su tesis de bachillerato.
8. En su respuesta “agresiva” usted se burla de que haya hablado de un “Dante peruano”. Por respeto y admiración al gran poeta Enrique Verástegui he dejado pasar la perfidia con que usted numerosas veces, desde hace años, tergiversa la alta valoración en que tengo a Verástegui y su afán de seguir el ejemplo de Dante. Nunca he usado la expresión “Dante peruano”; le desafío a mencionar el escrito en que figuraría.
9. Usted aberrantemente subestima no sólo mis conocimientos literarios y capacidad crítica, sino la inteligencia de sus lectores. Resulta delirante (a modo de un desatino infantil que mueve a risa más que a estupor) cómo alevosamente distorsiona mis opiniones sobre la literatura norteamericana (rica en escritores universales, y no sólo un mercado masificador de “bestsellers” y literatura “light”) y la imitación epidérmica y exangüe que sufre a cargo de numerosos poetas y narradores peruanos e hispanoamericanos, tan distinta de la asimilación creadora que han hecho grandes escritores del legado genial de Poe (ahí Quiroga, Borges y Cortázar, por ejemplo), Whitman (Vallejo y Neruda, nada menos), Faulkner (Rulfo, Onetti, García Márquez y Vargas Llosa, señaladamente), por mencionar sólo algunos casos sobresalientes. El problema es que siempre hay imitadores sin fuerza creadora propia, y grandes autores que hacen suyo, con una reelaboración propia, el magisterio de autores universales: griegos, chinos, franceses, italianos, españoles, norteamericanos, de cualquier cultura o idioma. Usted demuestra una falta total de criterio y ponderación cuando pretende descalificarme crítica y académicamente inventándome una fobia a todo lo que tenga que ver con el poderoso país del norte: “(González Vigil) Es incapaz de reconocer que los EEUU es un país que tiene no sólo grandes escritores sino estupendos lectores, revistas especializadas, académicos, intelectuales y universidades” (¿!).
Para su información, he dado conferencias en la Universidad de Oklahoma, donde fui presentado (me veo obligado a decirlo no por vanidad, sino por desnudar la necedad suya) como el mejor crítico literario peruano; en términos similares me califica una antología bilingüe de la poesía peruana, editada por la Universidad de Oregon. Numerosos especialistas que trabajan en EEUU, como también en Inglaterra (verbigracia, James Higgins y Stephen Hart), Francia (mi edición anotada de “Los ríos profundos” de Arguedas fue declarada lectura obligatoria por el Ministerio de Cultura para los que estudian pedagogía), Italia, España, etc., han dado relevancia a mis aportes críticos. Y he decidido quedarme a trabajar en el Perú, desechando invitaciones para radicar en EEUU o España). De otro lado, la Academia Sueca me ha honrado pidiéndome mi opinión sobre escritores del Perú y el mundo entero que merecen recibir el Premio Nobel de Literatura.
Final:
Con esto doy por concluida toda discusión con usted. Tengo labores más importantes y necesarias (hay tanto que hacer a favor de la lectura y el desarrollo de los estudios literarios en nuestro país) que perder el tiempo en dimes y diretes. ¿Para qué seguir comunicándome con usted, ya que desprecia mi labor crítica, me conceptúa ignorante y encasillado, víctima incluso de “paranoia”?
Ricardo González-Vigil
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