La izquierda en Perú: "Ni calco ni copia, sino creación heroica"
Hace 80 años , el peruano José Carlos Mariátegui escribió refiriéndose a la construcción del socialismo en Perú: "No será ni calco ni copia, sino creación heroica".
Ocho décadas después, el socialismo deseado por el Amauta ha podido ser posible en otros lados del planeta, pero no en su natal Perú. Hubo un momento en que parecía posible, en los años 80, cuando tras el desborde provinciano sobre las ciudades llegaron nuevos actores sociales y se concretaron experiencias alentadoras como Villa El Salvador, por ejemplo, que luego devinieron en experiencias de gobierno desde la izquierda.
Sin embargo, fueron los propios hijos de Mariátegui (Sendero Luminoso, el peor entre ellos) los causantes de su fracaso político y ostracismo ideológico y divorcio con el Perú.
No es que la sociedad peruana no quiera a la izquierda. Un sector del Perú la está buscando urgentemente, pero no en esta izquierda que "no sabe crear sino sólo copiar". La multiculturalidad del Perú merece una izquierda políticamente fuerte y activa. Pero merece una izquierda creadoramente mariateguista, consecuente y original y no la que ahora pretende reedificarse bajo los mismos viejos dogmas y parámetros, además de engancharse bajo los mismos corruptos padrinazgos internacionales que termina asalariando su activismo social.
Las últimas marchas sociales, nacidas bajo la efigie de minúsculos grupos de izquierda, no se ponen del lado renovador, creativo, ciudadano y consecuente con la democracia y los derechos humanos, sino por el contrario: vuelven a utilizar la violencia como práctica, se alinean bajo rancios totalitarismos (Irán, Corea, China, Venezuela y Cuba) y confrontan con un lenguaje vituperino un sistema democrático que el país ha consolidado en las urnas reiteradas veces.
Los derrotados en las ánforas, quieren derrotar el sistema que los derrotó. Y para ello utilizan lo que único que saben hacer: ruido en las calles, sabotaje, terror. Esto trae, como consecuencia la reacción más conservadora del Estado, con un gobierno debilitado por su incapacidad gerencial y social.
Por esa incapacidad de conectarse con el Perú real, el Estado cometió el error de contribuir al creimiento del senderismo en los años 80. Así el terror, se hizo fuerte ante la incapacidad de entender el reclamo de inclusión de vastos sectores del país. Mal hace el gobierno en utilizar la represión policial o el uso las Fuerzas Armadas para controlar los descontentos callejeros.
Los desórdenes sólo buscan desligitimar la democracia, para proponer un nuevo modelo autoritario, que les permite legitimarse ante la masa. Cualquier acción violenta puede ser contra producedente para nuestra frágil democracia. Una muerte, un encarcelamiento, puede convetir en "héroes" a quienes no lo son. Alan García no debe olvidar que fue un exceso durante su primer gobierno el que provocó la "masacre del Fronton", hecho que dañó la imagen del Perú internacionalmente. Y fue la bandera de batalla de la que se colgó el terrorismo los años subsiguientes.
En estos momentos, se debe poner paños fríos ante el descontento social y dioalogar bajo todas las formas y mecanismos posibles. En democracia no hay enemigos. El Perú requiere además del pronunciamientos de sus instituciones, de sus organizaciones civiles, partidos organizados. Todo aquel que esté convencido de que el sistema debe ser defendido dentro de la legalidad. Con detenciones o represión (justificadas o no) se está volviendo a repetir un escenario ya transitado por los peruanos.
El modelo democrático peruano es un mal ejemplo para los proyectos autoritarios internacionales particularmente en la región latinoamericana. Por eso, no es de extrañar que haya más de uno que quera derumbarlo. No olvidemos que el Perú democrático ha vencido la hiperinflación, ha vencido el terrorismo, ha vencido la peor de las dictaduras. Y además ha empezado a crecer económicamente como nunca antes se ha visto en su historia. La democracia peruana está maleando el mercado da las dictaduras latinoamericanas.
Por eso, los hijos de Mariátegui del siglo XXI deben zanjar con los proyectos autoritarios y antidemocráticos, y plantear un espacio político de respecto a la democracia, los derechos humanos, la ciudadanía, en contra de la violencia, el terrorismo y a favor de las libertades individuales. Hoy cómo nunca, tenemos toda la libertad del mercado pero tenemos las libertades ciudadanas más limitadas del planeta. Si la izquierda entiende que esta es la vía de su reenganche con el país, tendrá una oportunidad en la historia, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra.
Sobre la coyuntura social en Perú, recomiendo leer: Utero de Marita, Tercer Piso, El fondo del vaso, Mate Pastor,
Ocho décadas después, el socialismo deseado por el Amauta ha podido ser posible en otros lados del planeta, pero no en su natal Perú. Hubo un momento en que parecía posible, en los años 80, cuando tras el desborde provinciano sobre las ciudades llegaron nuevos actores sociales y se concretaron experiencias alentadoras como Villa El Salvador, por ejemplo, que luego devinieron en experiencias de gobierno desde la izquierda.
Sin embargo, fueron los propios hijos de Mariátegui (Sendero Luminoso, el peor entre ellos) los causantes de su fracaso político y ostracismo ideológico y divorcio con el Perú.
No es que la sociedad peruana no quiera a la izquierda. Un sector del Perú la está buscando urgentemente, pero no en esta izquierda que "no sabe crear sino sólo copiar". La multiculturalidad del Perú merece una izquierda políticamente fuerte y activa. Pero merece una izquierda creadoramente mariateguista, consecuente y original y no la que ahora pretende reedificarse bajo los mismos viejos dogmas y parámetros, además de engancharse bajo los mismos corruptos padrinazgos internacionales que termina asalariando su activismo social.
Las últimas marchas sociales, nacidas bajo la efigie de minúsculos grupos de izquierda, no se ponen del lado renovador, creativo, ciudadano y consecuente con la democracia y los derechos humanos, sino por el contrario: vuelven a utilizar la violencia como práctica, se alinean bajo rancios totalitarismos (Irán, Corea, China, Venezuela y Cuba) y confrontan con un lenguaje vituperino un sistema democrático que el país ha consolidado en las urnas reiteradas veces.
Los derrotados en las ánforas, quieren derrotar el sistema que los derrotó. Y para ello utilizan lo que único que saben hacer: ruido en las calles, sabotaje, terror. Esto trae, como consecuencia la reacción más conservadora del Estado, con un gobierno debilitado por su incapacidad gerencial y social.
Por esa incapacidad de conectarse con el Perú real, el Estado cometió el error de contribuir al creimiento del senderismo en los años 80. Así el terror, se hizo fuerte ante la incapacidad de entender el reclamo de inclusión de vastos sectores del país. Mal hace el gobierno en utilizar la represión policial o el uso las Fuerzas Armadas para controlar los descontentos callejeros.
Los desórdenes sólo buscan desligitimar la democracia, para proponer un nuevo modelo autoritario, que les permite legitimarse ante la masa. Cualquier acción violenta puede ser contra producedente para nuestra frágil democracia. Una muerte, un encarcelamiento, puede convetir en "héroes" a quienes no lo son. Alan García no debe olvidar que fue un exceso durante su primer gobierno el que provocó la "masacre del Fronton", hecho que dañó la imagen del Perú internacionalmente. Y fue la bandera de batalla de la que se colgó el terrorismo los años subsiguientes.
En estos momentos, se debe poner paños fríos ante el descontento social y dioalogar bajo todas las formas y mecanismos posibles. En democracia no hay enemigos. El Perú requiere además del pronunciamientos de sus instituciones, de sus organizaciones civiles, partidos organizados. Todo aquel que esté convencido de que el sistema debe ser defendido dentro de la legalidad. Con detenciones o represión (justificadas o no) se está volviendo a repetir un escenario ya transitado por los peruanos.
El modelo democrático peruano es un mal ejemplo para los proyectos autoritarios internacionales particularmente en la región latinoamericana. Por eso, no es de extrañar que haya más de uno que quera derumbarlo. No olvidemos que el Perú democrático ha vencido la hiperinflación, ha vencido el terrorismo, ha vencido la peor de las dictaduras. Y además ha empezado a crecer económicamente como nunca antes se ha visto en su historia. La democracia peruana está maleando el mercado da las dictaduras latinoamericanas.
Por eso, los hijos de Mariátegui del siglo XXI deben zanjar con los proyectos autoritarios y antidemocráticos, y plantear un espacio político de respecto a la democracia, los derechos humanos, la ciudadanía, en contra de la violencia, el terrorismo y a favor de las libertades individuales. Hoy cómo nunca, tenemos toda la libertad del mercado pero tenemos las libertades ciudadanas más limitadas del planeta. Si la izquierda entiende que esta es la vía de su reenganche con el país, tendrá una oportunidad en la historia, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra.
Sobre la coyuntura social en Perú, recomiendo leer: Utero de Marita, Tercer Piso, El fondo del vaso, Mate Pastor,












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