Gabriela Wiener conversa con ciberlectores de El País
Gabriela Wiener, la escritora periodista peruana -autora de Sexografías- es todo un boom literario en España. Hace unas horas, ella sostuvo una interesante entrevista digital con cibernautas del diario.De la entrevista rescato cuatro preguntas, pero pueden leerla completa aquí. Más abajo reproduzco un texto suyo publicado en El País, el pasado 24 de julio.
-Hola, Gabriela. ¿Qué incidencia crees que tiene el vivir fuera del país natal de uno con respecta al periodismo o a la literatura?. Es decir, ¿crees que el exilio, ya sea elegido o forzado, ayuda al desarrollo artístico individual? Un abrazo, Gabriela
"Hola, Ángel. Creo que exilio es una palabra muy seria. A mi me suena a gente que realmente tiene que hacer sacrificios más importantes que pagarse un máster (mi caso) o campartir piso con nueve personas (mi caso durante unos meses horribles, afortunadamente ya no). El periodismo y la literatura son producto de las experiencias y moverte, cambiar de país, conocer otras culturas, siempre es importante para alimentar tu escritura: te nutre de personajes, situaciones, conocimientos. Y nuevos polvos, claro".
- Dicen que Nacho Vidal eyaculó en tus zapatos, es eso cierto o haces ficción?
"Querida Pulgarcita, muchas veces me han preguntado si todo lo que cuento es cierto y tengo que decirte que a veces he tenido que omitir algún detalle, pero nunca he inventado nada. Lo que lees en la crónica de Nacho ocurrió como lo cuento·.
- Para mi escribes mucho mejor que la mayoría de escritores de ficción y desde luego mejor que la mayoría de periodistas ¿temes que el tratar temas de sexo te "encasille" de alguna manera o que no te tomen en serio?
"Gracias Jordi. No temo encasillarme en el tema del sexo. El sexo me gusta, y creo que la pulsión sexual siempre tendrá que ver con lo que hago, pero no es mi único interés ni mucho menos. De alguna manera nuestra actitud hacia el sexo determina muchas de los otros aspectos de nuestra vida o nuestro trabajo, pero eso no me hace sentir encasillada sino liberada. Mi próximo libro es sobre maternidad y el sexo está muy presente!"
-Acabo de leer Sexografías y puedo decir que nunca he leído algo tan desenfadado (ojo, no hablo de la simple exhibición o de la pornografía, eh) ni tan risueño ni tan festivo en mucho tiempo. ¿Cuáles son tus influencias? ¿Vienen del periodismo o la literatura?
"Guau, gracias. Mis primera influencia fue mi padre, que es periodista (hola Raúl). Luego vinieron un montón de poemas y muchas series de televisión, las relaciones sociales (y sexuales) de las Barbies, mis primeros novios, etc. Ah, supongo que también fue importante leer las crónicas del Nuevo Periodismo de los sesenta, a Anais Nin, a Silvia Palth y más recientemente a Janet Malcolm y a Joan Didion".
Ah, ah, ah, ahhhhhhhhPor Gabriela Wienner
El otro día conversaba con un grupo de gente en un bar cuando salió el tema de los trabajos más horribles que has hecho en tu vida. Yo hablé de aquella vez que repartí flyers para una pizzería de puerta en puerta. El emisario de correo comercial es un cartero con malas noticias, las fincas están sembradas de letreros-proclamas sobre lo indeseable de su presencia. Es un trabajo de alto riesgo, en el que el repartidor debe mentir, disfrazar su identidad, ser blanco de agravios e injurias de vecinas desbocadas, ponerse a salvo de perros furiosos, escapar de cautiverios ocasionales y luchar en pos de los buzones contra otros carteros comerciales más salvajes.
Cuando todos me daban la razón en que sin duda ése era el trabajo más horrible del mundo, intervino R. Esta francesa de aspecto hippie y experta en olorterapia contó que se ganaba la vida en Barcelona gracias al doblaje profesional de películas porno, haciendo la voz de glotonas dominatrices y adictas al fistfucking, de lesbianas ninfómanas y putas de lujo. Estudió educación infantil pero a veces encuentra consuelo haciendo la voz de la madrastra en una Cenicienta X-Rated.
Le pagan 90 euros por película y puede doblar hasta seis en un mes. R. suele compartir cabina con varios desconocidos francófonos en las escenas de orgías. Sigue escrupulosamente los movimientos de la actriz que encarna su dulce voz de francesita morbosa y se sumerge en el personaje para fingir que se corre con ella: ah, ah, ahhhhhhh. Ambas simulan un orgasmo simultáneo. A la salida del trabajo, ella y sus compañeros fuman un cigarrito como si hubieran follado realmente.
Con el tiempo R. ha desarrollado una especie de fobia a los gemidos y alocuciones sexuales. Cuando folla de verdad lo hace en perfecto silencio. La mayoría de sus eventuales parejas de cama no la entienden, creen que no está disfrutando, aunque ella intente convencerlos de que su mutismo es equivalente a los gritos de placer en una persona que no se dedica al doblaje pornográfico. Simplemente, la voz humana no le pone en absoluto, es sinónimo de impostura, de actuación. Nunca, nunca, dice cosas como "¡Encore! ¡Encore!".
No sólo porque ha afectado a su forma de hacer el amor, dice la francesa, el suyo es un empleo de alto riesgo. Y entonces nos muestra por qué: R. tiene un gran callo en el dedo gordo de la mano derecha, el mismo que debe chupar como una posesa en el doblaje de una escena de sexo oral para provocar esos curiosos ruidos: glup, swapf, nrfff.











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